
Hay frases que solo Mourinho puede decir sin despeinarse: “Fui grosero, pero fui grosero con un idiota«. Brutalmente honesto. Y encima remata: “Pero fui grosero, asĂ que merezco la tarjeta amarilla«. Se hace cargo, sĂ. Pero no se arrastra. Ni drama, ni culpa. Solo estilo y autoconciencia. Mourinho siendo… Mourinho.
Porque a veces la elegancia no está en callar, sino en saber cuándo poner a alguien en su lugar. No se trata de andar por la vida siendo maleducado, pero tampoco de regalar amabilidad a quien no la merece. La empatĂa tiene lĂmites, y se llaman autorrespeto.
La lĂnea es fina, lo sĂ©: no justificar la groserĂa, pero tampoco traicionarte por miedo a parecer “demasiado”. Porque hay dĂas en que ser polĂticamente correcto te da urticaria, y responder con clase… simplemente no da.
ÂżCuántas veces te mordiste la lengua por miedo a incomodar, cuando en realidad el otro se lo tenĂa bien merecido?
Si todavĂa tenĂ©s algo atravesado, escribĂ una carta que nunca vas a enviar. DecĂ todo, sin filtro. Y despuĂ©s, quĂ©mala. O hacĂ© el poderoso ejercicio de la silla vacĂa; yo puedo facilitarlo para vos, pero aquĂ te dejo una versiĂłn guiada que me ha resultado muy Ăştil.
Porque, a veces, el verdadero acto de elegancia es prenderle fuego al silencio y que arda todo 🔥