
Hace poco leí una historia que me quedó resonando y me hizo reflexionar sobre el amor verdadero. Un chico que iba a ser adoptado tenía varios posibles padres. Entre todas las solicitudes, eligió a uno por una razón muy sencilla: su solicitud decía “quiero ser padre”, y no “quiero tener un hijo” ni “quiero tener una familia”. Eso fue lo que más lo conmovió.
Porque querer tener habla de posesión, de resultado, de algo que se suma a la vida. En cambio, querer ser habla de identidad, de responsabilidad y de presencia. No pone el foco en lo que se obtiene, sino en quién se elige ser para el otro.
Ese matiz lo cambia todo.
Amar desde el “tener” muchas veces suena a “te amo, haceme feliz”: una expectativa, una demanda silenciosa, un contrato implícito. Amar desde el “ser”, en cambio, se parece más a “te amo, sé feliz”. No te necesito para completarme; te elijo y te deseo bien, incluso cuando eso no gira en torno a mí.
Amar desde el ser es amar desde tu completud, desde tu propia felicidad y desde tu centro. Es compartir lo que ya sos, no buscar que el otro llene un vacío. Amar desde el ego, en cambio, es amar para que el otro te dé lo que creés que te falta: seguridad, valor, sentido, identidad. Y esa diferencia, aunque sutil, transforma por completo el vínculo.
Lo mismo ocurre en muchos ámbitos de la vida: querer tener amor, querer tener una relación, querer tener una familia… versus querer ser amor, ser presencia, ser hogar. El “tener” suele nacer de la carencia y del miedo; el “ser” nace de la coherencia, la abundancia interna y la elección consciente.
Al final, el amor verdadero no empieza por lo que queremos tener, sino por lo que estamos dispuestos a ser.
¿Desde dónde estás amando: desde el tener o desde el ser?
Te dejo un ejercicio simple y honesto.
En la primera lista, escribí todo lo que deseás en una sola relación. Sin censura y sin achicarte. ¿Cómo querés que sea el vínculo? ¿Cómo querés sentirte? ¿Qué valores son importantes para vos? ¿Qué tipo de presencia, de comunicación, de cuidado, de libertad y de compromiso? Todo eso que decís: “esto sí, esto es importante para mí”.
En la segunda lista, tomá cada punto de la primera y preguntate, con honestidad y sin juicio:
¿Yo ya soy esto en mi vida?
¿Me comunico como deseo que se comuniquen conmigo?
¿Ofrezco la presencia que espero?
¿Respeto mis tiempos como quiero que respeten los míos?
¿Amo desde el ser o desde la expectativa?
No es para exigirte ni para “corregirte”. Es para alinearte. Para ver dónde ya estás encarnando lo que deseás y dónde todavía hay aprendizaje por hacer.
Porque muchas veces no atraemos lo que queremos, sino lo que somos capaces de sostener. Y cuando empezamos a ser ese vínculo que soñamos, el amor verdadero deja de ser una promesa futura y se vuelve una experiencia posible, acá y ahora. ✨
Y para terminar te dejo esta versión épica de “Seminare”, una de las canciones más bellas del rock argentino, cantada bajo la lluvia por miles de personas, con las luces del estadio prendidas y mayormente a capella, en una noche en la que el amor amó con los ojos abiertos, sin esconderse de nada, y se volvió —sin permiso, porque ya no estaba permitido seguir en el escenario por la lluvia— una plegaria compartida, a pura vida y rock.